lunes, 3 de agosto de 2009

* Ser o no Ser, otra vez es el dilema*

Mientras la mayoría de los medios de comunicación se convierten en voceros oficiales de la oposición de la más variada especie, y el signo distintivo y unificador de todos es señalar lo “diabólico” de los K, nosotros, como trabajadores, creemos que el “Diablo” está en otro lado, aunque los K hayan cometido errores.

El “Diablo”, es aquel que “incendia” las esperanzas populares e intenta hacer regresar a su fiel discípulo: el neoliberalismo que asoló nuestra tierra cubriéndola de hambre, dolor, desesperanza, desocupación, entrega, no sólo de las empresas y los recursos más rentables e importantes de nuestra Patria, sino también de la dignidad popular.

Esa falta de dignidad se ha tornado en desmemoria, como una enfermedad colectiva que es la única explicación que encontramos, al avizorar con alarma el retorno de las viejas recetas ya probadas y fracasadas.
Hagamos un poco de memoria y pensemos ¿qué nos dejaron las privatizaciones? En primer lugar desocupación masiva, lo que implica que se desorganizó y quebró la dignidad, una persona sin trabajo es un desaparecido social.

Se estafó a los jubilados y a los trabajadores que ingenuamente creyeron que con los dineros de la privatización se mejoraría el nivel de ingresos de los jubilados y los trabajadores se iban a convertir en “accionistas” de multinacionales. TODO MENTIRA.

Pero para que una mentira se expanda y se convierta en realidad, hay alguien que la tiene que creer y, lamentablemente, fueron muchos, dirigentes políticos y sindicalistas que abandonaron las banderas de la justicia social, la soberanía y la independencia económica y se entregaron a la estafa, entregando a los trabajadores de base al desamparo económico y moral.

Hoy la oposición huele a golpista, y dicen sin miramientos ni vergüenza que lo mejor es volver a privatizar.
En la época de los 90, con las privatizaciones, los trabajadores perdimos hasta el trabajo, los que lo conservamos perdimos la mayoría de los derechos laborales adquiridos y constituidos a base de lucha y sacrificio.
El gobierno nacional ha cometido muchos errores, pero entre sus virtudes podemos señalar que dio un golpe de timón y comenzó a recuperar los derechos laborales, las empresas nacionales y la dignidad en las relaciones internacionales, con integración regional.

Hasta por el sólo reflejo de defender los derechos recuperados deberíamos ejercitar la memoria y darnos cuenta que estamos muy cerca de volver a perderlo todo, como trabajadores, como pueblo, como Patria.

La histeria golpista que sacude la oposición aparentemente es un ataque a los K, pero en el fondo es un ataque a la democracia y a un incipiente, intento de recuperar un modelo de país con inclusión social.
La convocatoria al diálogo de parte de la Presidenta es paso correcto y políticamente necesario; pero dada la naturaleza del bloque ruralista y del conglomerado de fuerzas que se refocilan ante la posibilidad de reemplazar al actual gobierno para volver a actuar las políticas del desastre neoliberal, no deberíamos hacernos la menor ilusión de que de ese intercambio de pareceres vaya a salir algo bueno.

Ya lo hemos dicho antes, no creemos que exista diálogo posible cuando hay tanta mezquindad en los sectores que hasta hoy han ganado mucho dinero y prebendas a costa del esfuerzo de todos.

La amenaza de volver al pasado sólo puede ser enfrentada con decisión política y con firmeza.

En esto los trabajadores tenemos una ardua tarea, porque no podemos dejar que nuestras dirigencias nos vuelvan a traicionar como en los 90 y debemos conducir desde la base una renovación de ideas con recuperación de los valores históricos.

Ya que hoy la derecha se reagrupa y consolida y la izquierda, mayoritariamente, titubea a la hora de apoyar críticamente al gobierno y proponer un avance más profundo y social, queda en manos de los trabajadores buscar una salida superadora donde seamos críticos y señalemos la pésima distribución de la renta, fruto de la falta de una reforma fiscal progresiva; la carencia de una ley de comunicaciones audiovisuales que permita romper el monopolio de los grandes conglomerados de prensa, propaladores del discurso único del sistema; la necesidad de diseñar un proyecto de desarrollo a gran escala que haga hincapié en la industrialización y la potencie con la creación o la recuperación de una red caminera y ferroviaria; el fortalecimiento de las industrias para la defensa, abandonadas después de Malvinas y que tienen un efecto multiplicador en el campo tecnológico; la generación de una educación provista de elementos atractivos y capaces de dilucidar los problemas del país a partir de una comprensión realista de su historia, y una política sanitaria que llegue a todos los rincones de la nación. Estos son los temas centrales de cualquier diálogo y de cualquier política que se precie. Son muchos temas, pero todos están en el centro de la cuestión.

Para resolver esta encrucijada y asumir esta gran tarea pendiente hay que unir trascender el discurso combativo y pasar a la acción en hechos contundentes que le muestren a la ciudadanía que sí hay una voluntad de cambio profundo orientado a la justicia social.

Los trabajadores debemos aportar y empujar en ese sentido

*Eduardo Brandolin*
FUENTE: http://energia-positiva.mine.nu/LeerNota.asp?Id_Nota=2570

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