sábado, 19 de diciembre de 2009

*MEMORIA - 19 de Diciembre 2001*

* No Olvidar para No Repetir *

El día (y la noche) del no va más
La madrugada empezó con saqueos en supermercados medianos y pequeños en todo elpaís, sobre todo en busca de comida. Por primera vez los saqueos llegaron a la Capital Federal. De la Rúa fue insultado y su auto golpeado, mientras la Cámara de Diputados desconocía sus superpoderes. A la noche el Presidente anunció el estado de sitio sin restricciones. Eso desató un cacerolazo masivo. Y esta madrugada se difundió la renuncia de Cavallo

Por Martín Granovsky
A poco más de dos años de haber asumido el cargo, Fernando de la Rúa gobierna desde ayer con saqueos, estado de sitio, por lo menos cinco muertos, un Congreso activamente opositor y la imposibilidad nítida de articular una salida política y una válvula de escape para el agotamiento de la Convertibilidad. Y, además, sin Domingo Cavallo, que esta madrugada terminó sus nueve meses como superministro.

A las 11 de la noche el Presidente dejó la Casa Rosada después de verse por televisión, mientras todo el país se preguntaba qué pasaría de madrugada en el Gran Buenos Aires, sin cámaras de televisión que pusieran un límite a la violencia y dieran visibilidad a la represión. Este diario pudo saber por el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires que, por ejemplo, 700 personas se habían reunido frente a un supermercado Coto en Monte Grande, y que Carlos Ruckauf había ordenado que se apostara allí la Guardia de Infantería de la provincia.

Al final del día se produjo un fenómeno curioso.
Desde la mañana los comerciantes habían bajado las persianas en todas las grandes ciudades de la Argentina, por miedo a oleadas de desharrapados saqueando masivamente los negocios. Pero justo después del discurso de De la Rúa la irritación se concentró en el Presidente. Miles de personas salieron a la calle con cacerolas, sartenes, espumaderas y tapas, en un fenómeno que se verificó en Belgrano, Caballito, Palermo, Parque Chacabuco, Villa Crespo y Almagro. El cacerolazo fue incluso mayor que el de la semana pasada, aunque esta vez ninguna cámara de comerciantes lo hubiera convocado y a pesar de que por la noche reinara el temor a nuevos saqueos. El tono era hasta festivo, ganador. Mucha gente salió de sus casas a la calle, y en Independencia y Entre Ríos una fogata en la calle acompañó el ruido de los metales. Todo el país había tomado las calles. En Rosario, mil personas marchaban cerca de las 24 al Monumento a la Bandera. En Plaza de Mayo se concentraba San Telmo. En Parque Chacabuco los vecinos eligieron el gran árbol de Navidad para protestar juntos, y cuando se sumaron vecinos de la villa 1114 se juntaron miles decidieron marchar hasta José María Moreno y Rivadavia. En Santa y Juan B. Justo los vecinos cortaron la calle, y lo mismo en Boedo.

Del pánico se había pasado al repudio, incluso cuando muchos habían interpretado absurdamente el estado de sitio, que restringe las libertades, como un toque de queda, que impide caminar de noche. El estado de sitio, y el discurso anunciándolo, habían pasado a la historia, cada vez más patéticos a medida que avanzaba la noche.“Qué boludos,/ qué boludos,/ el estado de sitio,/ se lo meten en el culo”, gritaban los miles que rodeaban el Congreso.

En Ocampo y Libertador cientos se juntaron frente a la entrada del edificio donde vive Cavallo y cortaron parte de la calle.Otros miles caminaban para engrosar las columnas en Plaza de Mayo.

Cerca de la medianoche, funcionarios, políticos del oficialismo y dirigentes de la oposición barajaban tres hipótesis:

-Domingo Cavallo seguiría en el cargo, incólume a pesar del rechazo social y del voto de los diputados en favor de quitarle sus superpoderes.

-Domingo Cavallo había renunciado y solo seguía en el cargo a la espera de su reemplazante.

-Domingo Cavallo no había renunciado porque jamás lo hizo (Carlos Menem en 1996 tuvo que echarlo) pero el jefe de Gabinete Chrystian Colombo estaba operando la salida del ministro de Economía con apoyo de la Unión Cívica Radical y el guiño, como mínimo, de los barones feudales del Partido Justicialista. En esta variante, todo el gabinete renunciaría para disimular la ida de Cavallo y posibilitar un rediseño total. Habría, en este caso, una ventaja adicional: De la Rúa podría dedicar todo el fin de semana a jugar su juego del secreto mientras la crisis se hace más y más intolerable.




Las especulaciones terminaron a la una de hoy, cuando se difundió la renuncia de Cavallo al superministerio de Economía. A esa hora, como si estuviera calculado, la Policía Federal llenó la plaza de un gas lacrimógeno que descomponía, sin respetar viejos, mujeres embarazadas o chicos. Ya sin Cavallo, De la Rúa había logrado el mérito de concentrar el odio solo en su persona.

En “A dos voces”, el senador peronista Jorge Yoma amenazó con que, si De la Rúa no saca a Cavallo, la Asamblea Legislativa podría decidirlo, lo que equivalió a una advertencia de juicio político al ministro. La Central de Trabajadores Argentinos convocó a un paro para hoy.Esta politización de último momento, que acompañó la protesta de la gente, sirvió para cambiar el clima angustiante, denso, de todo el día.

Salvo en la Patagonia, no hubo ningún rincón del país sin saqueo.
Primero, los blancos elegidos fueron los grandes supermercados, pero en general la vigilancia superior impidió que resultasen ellos los saqueados. Luego grupos de vecinos, muchas veces provenientes de las villas de emergencia, se decidieron por los supermercados medianos, en general más vulnerables, y sobre todo por los más chicos, que normalmente están atendidos por la familia del dueño. La imagen de un propietario, quizás de origen coreano, llorando ante el super vacío y diciendo “policía, nada”, marcó el día. Algunos comerciantes dispararon. Alguno de los muertos pudo haber sido producto de un balazo de un comerciante irritado. Más de cien heridos, de balas y de balas de goma disparadas por la policía, que también tiró gases lacrimógenos para responder a los piedrazos.Las escenas, que merecen sus crónicas en esta misma edición, se repitieron en toda la Argentina.Un padre explicando que no robaba sino que buscaba comida.Otro padre con dos hijos en brazos, diciendo que solo quería comer.

Una vieja sin dientes a los gritos: “No doy más”.Un chico joven, de poco más de 20. “Tengo dos hijos, loco, de cinco años y de dos, y hace dos años que no tengo laburo, loco”.Una mujer de alrededor de 30, desaforada: “Queremos comer, queremos comer”.Escenas de gente caminando tranquila, a la salida de un supermercado, con cajas en la mano.Escenas de gente corriendo, después de agacharse para pasar por la cortina metálica entreabierta, con bolsas en la mano.Peleas de comerciantes con saqueadores.

Chicos bien chicos sin miedo a la policía ni a los gases, o indiferentes.Ante esta situación, De la Rúa recién habló a las 22.41, y solo una hora antes su vocero Juan Pablo Baylac se presentó en público, como el primer funcionario que dio la cara en medio de la peor crisis social desde los saqueos de 1989.

Al mediodía, el Presidente se había presentado en la reunión de políticos y empresarios convocada por Caritas, donde su asistencia no se esperaba. Los participantes quedaron asombrados por las respuestas generales de De la Rúa.–Hay que imaginar una nueva política económica, y con Cavallo no se puede –le dijo el jefe de Gobierno Aníbal Ibarra–. En eso coincidimos todos los que estamos acá.–Eso es lo importante –contestó De la Rúa como en una letanía vaga–. Hay que buscar consensos, que en el exterior serán muy bien recibidos.

Ibarra, el jefe de la CGT Rodolfo Daer, el presidente de los industriales Ignacio de Mendiguren, el jefe de la CGT disidente Hugo Moyano, se miraron asombrados. Raúl Alfonsín y Angel Rozas no hablaron, pero sonreían en silencio ante las críticas a Cavallo. Despuès, el jefe porteño emitirìa un comunicado criticando como “esquema agotado” la Convertibilidad y el déficit cero y calificando al estado de sitio como “declaración de impotencia política”.

De la Rúa fue silbado al entrar y al salir.Tras la reunión, un obispo susurró preocupado a un dirigente:–La situación está muy mal. Pueden hasta linchar a algún político.El Gobierno respondió con dos medidas. Por una, dispuso entregar nuevas raciones de comida para todo el país, después de haberse pasado dos añosdiciendo que todo se solucionaba unificando los padrones sociales. Por otra, dictó el estado de sitio con la esperanza de amedrentar a los saqueadores. “Han acontecido en el país actos de violencia colectiva que han provocado daños y puesto en peligro personas y bienes, con una magnitud que implica un estado de conmoción interior”, dice el decreto del Ejecutivo.

El articulado es breve. Declara el estado de sitio en toda la Argentina por treinta días, comunica la medida al Congreso y la incluye en el temario de las sesiones extraordinarias.No haber utilizado al Parlamento para convalidar el decreto es una picardía formal. El Congreso terminó las sesiones ordinarias y aún no empezó las extraordinarias. Técnicamente podría estar en receso. Pero la realidad indica que ayer mismo sesionó la Cámara de Diputados. En todo podría hablarse de iniciativa propia, o hasta de rebelión, pero nunca de receso parlamentario.

El decreto no tiene ninguna restricción explícita, aunque podría haberla tenido. El artículo 23 de la Constitución, que no fue reformado en 1994, da al Ejecutivo la facultad de suspender todas las garantías. Pero el Pacto de San José de Costa Rica restringe los estados de emergencia y no da a los poderes ejecutivos facultades ilimitadas para suprimir derechos esenciales. Como el Pacto tiene rango constitucional, cualquier juez podría interpretar el decreto como inconstitucional, en caso de una presentación por parte de un ciudadano. El artículo 27 del Pacto dice que no se puede limitar el derecho a la vida, ni imponer servidumbre ni explotación, ni afectar los derechos políticos. El artículo 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos también pone restricciones a las restricciones. Una opinión consultiva emitida el 30 de enero de 1987 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de aplicación obligatoria para los gobiernos miembros de la Organización de los Estados Americanos, impide la violación de los derechos fundamentales, aun cuando las violaciones sean cometidas por personas que actúen oficialmente. El test será la reacción judicial frente a las alrededor de 400 detenciones practicadas ayer por las distintas policías en todo el país.El Gobierno prefirió el decreto y la falta de límites autoimpuestos, pero a la noche, igual, los porteños llenaron las calles de Buenos Aires.
DIARIO PÁGINA 12, 19 DE DICIEMBRE DE 2001


*RECORDAR NO ES VIVIR EN EL PASADO, SINO SER CONCIENTES DE LO QUE NO QUEREMOS QUE VUELVA A OCURRIR NUNCA MAS*
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DIARIO PÁGINA 12, 19 DE DICIEMBRE DE 2001

SAQUEOS, MUERTOS Y CACEROLAZOS.
Y EL FIN DE CAVALLO

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